sábado, 17 de julio de 2010

La industria de los bioimplantes,efectos adversos y sus riesgos

DOCTOR JAUME ALIJOTAS-REIG

  • Es el Jefe de la Unidad de Envejecimiento del Instituto de Investigación del Hospital Valle de Hebrón.
  • El estudio del doctor Alijotas-Reig y su equipo se realizó sobre 200 pacientes con distintos implantes en los últimos años.
  • Cuenta con el apoyo de la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética.

  • «Los implantes estéticos producen unos efectos adversos intolerables»
    MARK G. PETERS

    Este médico del hospital del Vall d´Hebron, de Barcelona, está preocupado. Él y su equipo han confirmado sus temores: los implantes estéticos de relleno, como el ácido hialurónico, pueden causar reacciones adversas y lesiones que aparecen meses e incluso años después. Más de 30 millones de personas en el mundo se han tratado con estos métodos. Hablamos con él.

    Los implantes de relleno dérmicos han revolucionado la guerra contra las arrugas y otros problemas médicos, como lesiones postraumáticas, cáncer de mama o alteraciones congénitas. Se calcula que se ha tratado con estos métodos unos 30 millones de personas en el mundo. El ácido hialurónico es el implante estrella de los tratamientos antienvejecimiento. No requiere cirugía, basta una inyección; aunque su efecto sólo dura unos meses. Otros rellenos, como la polialquilimida y la poliacrilamida, son permanentes. Los fabricantes aseguraban que no entrañan ningún riesgo, pero varios estudios de la Unidad de Envejecimiento del hospital Vall d´Hebron, avalados por la Sociedad Española de Medicina y Cirugía Cosmética, han demostrado que pueden causar reacciones adversas y lesiones que aparecen meses e incluso años después de realizar el implante.

    XLSemanal. Sus investigaciones han roto el mito
    de que los implantes de relleno son inofensivos...
    Jaume Alijotas-Reig.
    Los fabricantes insistían en que no había complicaciones, pero hemos demostrado que todos los implantes que hay en la actualidad pueden causar problemas.

    XL. ¿Qué tipo de problemas?
    J.A.-R.
    Cambios inmunológicos que provocan respuestas inflamatorias: reacciones locales, como granulomas, endurecimientos y angioedemas. Y también lesiones a distancia, en puntos alejados de la inyección, aunque son menos frecuentes. Además, hemos descrito complicaciones reumáticas, fiebre y otras alteraciones sistémicas.

    XL. ¿Cuál es el riesgo?
    J.A.-R.
    La tasa de efectos adversos es variable. No tenemos una cifra exacta porque no sabemos con certeza cuál es el número de personas que ha tenido reacciones. Muchos enfermos ocultan sus problemas, los médicos lo hacen casi siempre y la industria no pasa suficiente información. La tasa iría desde el uno por ciento al uno por mil. En algunos casos puede llegar incluso al cinco por ciento.

    XL. ¿Y eso es mucho o poco?
    J.A.-R.
    Eso es intolerable. Estamos hablando de un implante de uso estético. Por causa médica sí es asumible cierto riesgo, pero por estética hay que ser muy cuidadoso y deberíamos tender al riesgo cero. Desgraciadamente, cuando se implanta cualquier tipo de material existe un riesgo, aunque se trate de materiales probados, que se supone que son inertes y biocompatibles.

    XL. ¿Se puede prevenir?
    J.A.-R.
    Existe una predisposición genética. Hemos localizado un marcador en el cromosoma seis. El riesgo de reacciones adversas a un implante es un 600 por ciento mayor en las personas que tienen ese marcador. Acabamos de patentar un kit diagnóstico para detectar el riesgo genético de los bioimplantes. Si encontramos financiación, podría estar en el mercado antes de un año. No es un test cuyo resultado sea absoluto, pero sí que puede orientar a los pacientes, a los médicos y a la industria a la hora de asumir o no ese riesgo.

    XL. ¿La industria es reticente a ese tipo de pruebas?
    J.A.-R.
    No crea. Los laboratorios tienen un gran dilema. Es un mercado en auge. En EE.UU se pusieron el año pasado diez millones de implantes; en España, unos 350.000. Hablamos de un negocio de miles de millones. Y a la industria le interesa que no muera la gallina de los huevos de oro. Además, cada vez tienen más pleitos en los tribunales. Es malo para la imagen y cada caso que pierden les puede costar entre 100.000 y 200.000 euros de media.

    XL. Entonces, ¿desaconseja usted los implantes?
    J.A.-R.
    No. Pero ya no se puede sostener que son totalmente seguros. Fabricantes, médicos y pacientes asumían que estaban haciendo una cosa que no implicaba ningún riesgo. Hemos demostrado que sí que lo hay, muy bajo, pero existe. De hecho, la mayoría de los fabricantes importantes ya ha modificado su ficha técnica y reconoce que pueden dar problemas, aunque sea raramente. Hemos ganado una batalla por la seguridad del paciente.

    XL. ¿Ha tenido la impresión de haber pisado demasiados callos a una industria muy poderosa?
    J.A.-R.
    Sí, pero había que hacerlo. Era mi obligación como médico. Me han dicho de todo. A veces tenía la sensación de que predicaba en el desierto. Pero hemos pasado de una fase de malestar y agresividad a otra de tolerancia y, quizá, de colaboración. Parecía que teníamos una cruzada contra el sector y no es así. Yo nunca he dicho que hay que retirar los bioimplantes del mercado.

    XL. Pues los artículos que ha publicado en las revistas científicas son demoledores...
    J.A.-R.
    Yo pienso que, en realidad, son salvadores. Estamos poniendo la primera piedra para que no se les acabe el negocio. Necesitan un entorno de tranquilidad y no tener al cliente, al médico y a la Administración de espaldas. Nunca hemos querido perjudicar a la industria.

    XL. ¿Y la industria ha colaborado?
    J.A.-R.
    No. Hasta 2010 ningún laboratorio ha querido financiar con un euro nada nuestro. Denota una falta de visión tremenda. Su idea de investigación no es estudiar estos temas, claro. Por eso era tan importante que un grupo independiente trabajase en esto.

    XL. Y los médicos, ¿qué opinan?
    J.A.-R.
    El médico hace un procedimiento poco invasivo y para él es muy frustrante tratar a alguien que no está enfermo y que acabe enfermo. Sin contar problemas de imagen, de estrés personal, de tribunales... Los propios médicos impulsaron el estudio y aportaron los pacientes porque estaban muy preocupados. Los laboratorios se desentendían.

    XL. A pesar de todo, el ácido hialurónico y similares siguen teniendo gran aceptación, sobre todo si los comparamos con otros productos, como la silicona.
    J.A.-R.
    La silicona está prohibida en nuestro país. Es el implante que probablemente da menos problemas. Pero cuando los da, son recalcitrantes.

    XL. Tiene una leyenda negra como para echarse a temblar...
    J.A.-R.
    Porque se ha usado lo que yo llamo `aceite de camión´: silicona no purificada, no de grado médico. Y ha habido muchos destrozos y muertes cuando se ha usado en grandes cantidades.
    Fuente

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