jueves, 29 de octubre de 2009

Hay 12.000 toneladas de medicamentos enterradas en Galicia

Vertedero de Areosa. Foto de Carlos Pardellas

POR TONI L. QUEROL.

En el año 2002, la industria farmacéutica española, agrupada bajo el nombre de Farmaindustria, presentó a bombo y platillo un programa “pionero” para solucionar la acumulación de residuos farmacológicos: el SIGRE (Sistema Integral de Gestión de Residuos). La idea era que todos los españoles depositáramos los medicamentos usados o caducados en unos bonitos puntos de recogida hechos de cartón, en ecológicos colores blanco y verde, instalados en 20.000 farmacias. De allí los recogerían, separarían los envases para su reciclaje y los medicamentos serían incinerados, no sólo evitando así “que se tiren por el desagüe o acaben en la basura, contaminando los ríos” sino sirviendo además como combustible para la obtención de energía eléctrica. La idea suena cojonuda, ¿verdad? Al Gobierno español y a todos los gobiernos autonómicos también les sonó muy bien y apoyaron la iniciativa. Pues bien, resulta que ni un solo medicamento, ni una sola píldora, se ha llegado a incinerar en los 7 años (¡siete!) de funcionamiento del Sigre. En lugar de eso, unas 12.000 toneladas de medicamentos han sido enterradas o almacenadas en un solo vertedero, el de Areosa en Cerceda, Galicia.

Ahí va una sinopsis de esta compleja historia, a medio camino del thriller político, el cine de catástrofes y la comedia bufa. En octubre de 2008 los medios de comunicación gallegos informan de que 3.000 truchas han muerto en un fin de semana en el río Lengüelle. La Guardia Civil investiga un enorme vertedero situado a unos 500 metros. Las conclusiones de la investigación son contundentes: el vertedero de Areosa—compartido por la empresa pública Sogama, la empresa privada Danigal y una planta incineradora de animales—tiene graves deficiencias en cuanto a la impermeabilización y depuración de las montañas de basura que almacena y presenta filtraciones de lixiviados (líquidos muy tóxicos que genera la concentración de basura). No sólo eso: la Guardia Civil acusa a Danigal de “vertidos voluntarios y reiterados” de residuos al río. Empieza el baile de registros, incautaciones de ordenadores, despidos de directivos que habrían ocultado analíticas del vertedero, y el lanzamiento de cuchillos entre sociatas y peperos, en pie de guerra porque las elecciones están a la vuelta de la esquina. A finales de enero, el diario La Opinión de A Coruña da un giro espectacular a la historia: unos e-mails remitidos por un ex técnico de Sogama revelan que ese mismo vertedero almacenaba sin permiso todas las medicinas recogidas por el programa SIGRE y que supuestamente debían ser incineradas. Ahora viene el toque de comedia: Sogama dice que su acuerdo de reciclaje no incluía quemar medicamentos; en SIGRE se hacen los ofendidos y dicen que tienen certificados de Danigal según los cuales la “valorización energética” se realizaba conforme a lo previsto; Danigal dice que nunca ha tenido un horno que pueda hacer eso; el gobierno gallego dice que no pasa nada, que este tipo de residuos es asimilable a los residuos urbanos; y el alcalde de Cerceda aduce que los medicamentos no son peligrosos porque son “de los que se toman por la boca”. En fin, la noticia desaparece de los medios, nadie dimite, el proceso judicial avanza lentamente, 12.000 toneladas de medicinas siguen ahí amontonadas y yo ya no sé qué hacer con los Voltaren y Gelocatil caducados que tengo en casa, si tirarlos por el retrete o hacerme un batido.

Para ayudarnos a sacar algo en claro, nos pusimos en contacto con Raúl Vieira, Doctor en Ciencias Biológicas, experto en tecnología ambiental y en gestión de residuos peligrosos. Y la verdad es que tras hablar con él la historia vira definitivamente hacia el género terrorífico.LEE TODO

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