miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Ha visto usted esta receta?

Porque si la ha visto -o peor aún, se la han entregado- está frente al súmmum de la colusión entre médicos, laboratorios y cadenas de farmacias.

Claro, ya era extraño que me prescribieran un adhesivo con código de barras. Más todavía prometerme un “generoso” descuento a cambio de mi preferencia farmacéutica. Sin embargo no fue hasta leer la denuncia del presidente de la Asociación de Farmacias Independientes que comprendí la bajeza del artilugio.

Mi padre -también médico- ya me había contado sobre los incentivos que laboratorios y farmacias ofrecen cada vez con mayor descaro a los galenos para obtener sus favores a la hora de recetar un medicamento.

Él sabía que estas empresas llevan controles velados, como programas donde el paciente delata inadvertidamente al facultativo o donde el médico “regala” vales 2×1 con las recetas para hacerse notar en los inventarios mensuales, pero no de algo tan técnico como códigos de barras.

Se trata de una clara falta a la ética. Un sistema que permite a la industria farmacéutica llevar una cuenta tan precisa como automática de quién está recetando qué (y actuar en consecuencia), cebando al paciente cliente con algo similar a un descuento (en mi caso, bajar de 55.000 a 45.000 pesos) pero sobre todo, ultimar a cualquier farmacia que sobreviva fuera de la cosa nostra.

Al final uno no sabe qué es peor: que ocurran estas prácticas mañosas, o que médicos y empresas hayan perdido toda vergüenza en ocultarlas.

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